Por fin he encontrado mi móvil, llevo toda la tarde buscándolo, he mirado por toda la casa: por los cajones, los armarios, el cesto de la ropa sucia, en el frigorífico, pero nada, al final estaba en el bolsillo de mi pantalón.
Ahora me dispongo a hacer una llamada, una llamada muy especial e importante, tan importante, que me puede cambiar la vida. Voy a llamar a esa persona especial, con la que, desde hace dos meses, he querido empezar una conversación. Busco su teléfono en la agenda del móvil, estoy a punto de pulsar el botón verde, pero me paro a pensar, ¿y si la cago?, ¿y si me pongo tan nervioso que no sé qué decir?... No me lo pienso más y pulso el botoncito verde, el primer pitido, el segundo, los nervios se apoderan de mí, ¿y si no me lo coge?, el tercer pitido y suena una voz, su voz que dice: le atiende margarita, ¿en qué puedo ayudarle? Y contesto: me gustaría una pizza de jamón york y queso, con extra de queso, por favor.
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